Horas copa con Pavel Loaria

Pavel Loaria

Cuando al saxofonista y director Pavel Loaria se le acabó el amor, se le acabó el vino. Y además no le gustan los Beatles. Pero de todos modos, él es ejemplar, y sí se tomó unos vinos con nosotros. Esto es lo que nos contó:

Comencé a estudiar música a los 20 años. Desde pequeño me gustaba mucho, pero no pensaba ser músico profesional, quería ser fotógrafo, entonces estudié primero fotografía. A los 20 años decidí intentar con la música, hablé con mis papás y me contrataron un maestro de clases particulares, y luego hice el examen a la Facultad de Música de la UNAM. La verdad es que, para dedicarse a la música, a los 20 años uno ya está algo grande pero en ese momento eso no se me ocurrió, ya adentro de la carrera me di cuenta de la distancia de conocimiento con mis compañeros; la mayoría comenzaron a los seis o siete años en el Centro de Iniciación Musical y me llevaban una gran ventaja. Por suerte, justo a esa edad, la mayoría tenemos chance de no pagar renta (o al menos yo lo tenía), y decidí aprovechar esos lujos: abrir el refri y encontrar comida, o estirar la mano y que me dieran aunque sea un boleto del metro. Entonces me puse a estudiar muy intensamente, entre seis y ocho horas al día. Alcancé a muchos de mis compañeros y a otros los rebasé, fue súper padre, me apasionaba muchísimo… ¡hasta la fecha!, pero ese momento me encantó.

Pavel Loaria

Como al tercer o cuarto año de carrera descubrí el jazz. No fue un género con el que yo crecí, pero me gustó mucho y entré a muchos proyectos de jazz. Uno de ellos fue el del maestro trompetista que formó la primera Big Band en la UNAM, Joe D’Etienne. Estuve con él alrededor de dos años. Luego hice audición para la Big Band Jazz de México, ahí estuve nueve años. Toqué en otra que se llama Zinco Big Band… las recorrí todas, y tuve proyectos de tríos y cuartetos. Como a los 24 o 25 años me fui a estudiar con Ken Fisher, un americano especializado en saxofón barítono, que es lo que a mí me apasiona. Y en México no había baritonistas. Aquí se acostumbra que, por ejemplo, si un músico toca el saxofón alto, luego agarra el tenor y no pasa nada. En las escuelas norteamericanas y europeas, cada quien se especializa en su instrumento, y yo me quise especializar en el saxofón alto y barítono, pero no había quien me especializara...sí había quién lo tocara, pero no había especialistas, entonces me fui a tomar clases con Ken, y él me explicaba esto, me decía: “¿cómo es posible que tu mismo maestro de saxofón alto te de clases de saxofón barítono? ¡eso está mal!”. Después me fui a Julliard, a Nueva York, con otro baritonista, Joe Temperley, que tocó con Duke Ellington y por 25 años tocó en la Lincoln Center. También tomé clases con Paul Nedzela, que es actualmente baritonista de la Lincoln Center de Wynton Marsalis. Una vez toqué con Marsalis, y en otra ocasión con Juan Gabriel. Lo de Juan Gabriel fue una suplencia, yo nunca fui su músico. Con quien sí estuve más tiempo fue con Armando Manzanero. Y con el Maestro Marsalis tuve la oportunidad porque un par de años antes me habían seleccionado para irme con Paquito de Rivera, y cuando Marsalis vino a México a dar una Master Class salió la oportunidad de tocar con él. Y por él también tuve la oportunidad de irme a Julliard, yo era muy chico y todo estaba pasando muy rápido, la verdad es que no me lo esperaba. Creo que entre más trabajes y te concentres en tu trabajo, vas avanzando, mejorando y teniendo muchas oportunidades. Recuerdo también la primera vez que pisé el Auditorio Nacional, o el Carnegie Hall en Nueva York…siempre trato de ir para adelante y van llegando cosas increíbles. Una de las mejores cosas que me han pasado en la vida fue llegar al Carnegie Hall con mi proyecto.  Eso me hace muy feliz.

Tengo varios proyectos, uno de ellos es Sax Son, un cuarteto de saxofones que está por cumplir 16 años. También tengo un trío de jazz, un proyecto que se llama Elástico que mezcla el funk y el rock -ahí decidí que todas las letras y la música fueran mías; este año grabaremos el segundo disco-  Y hace dos años formé la primera Big Band infantil y juvenil. Había varias juveniles, pero ninguna infantil, y menos en el sentido estricto de una Big Band. Hay veces que uno se encuentra “Big Bands” de tres o cuatro personas, o algunas que sí son un montón pero tiene tubas, violines y flautas. Una Big Band tiene ciertas especificaciones en la dotación instrumental, y además sólo toca jazz. Esas que luego están tocando boleros o cha cha cha están padres pero eso no es jazz. A los tres meses de haber formado esta Big Band nos presentamos en el Lunario del Auditorio Nacional, con lleno total, y por esa fecha el Lunario nos propuso otra fecha en diciembre; hicimos el Big Band Christmas, que se volvió a llenar. Este año tocamos en las mismas fechas; la Big Band lleva un año y diez meses y en ese tiempo se ha presentado ya cuatro veces en el Lunario. Ha ido creciendo mucho, se están acercando mucho los chicos, y me encanta que me digan: “ya casi no escucho reguetón”, ¡lo que les guste escuchar está bien! todo suma, pero yo tengo la confianza en que un día escuchen más jazz.

Pavel Loaria

También tengo una fundación, y quiero cerrar el año con la primera escuela de alto rendimiento para niños y jóvenes en toda América Latina. Esto surgió porque pude mandar a uno de mis alumnos a Berkley, en Boston, y a otro a Francia. La idea es seguir con estos contactos para que los niños puedan hacer periodos de sus estudios allá, y que vean que hay otros niños de su edad y que vivan la experiencia de tocar con personas que uno admira. Todos esos gastos salen de mi bolsa, hasta ahora todo lo he generado yo. Cuando comencé, les llamé a muchos músicos mexicanos para que me ayudaran a formarla y todos me pedían dinero pero no tenía para darles un sueldo, y lo que tenía mejor lo invertí en los niños. A muchos les pago su transporte, o vienen de otros estados y tienen que quedarse a dormir en mi casa, también les pago las comidas…¡y comen muchísimo! Este año hay un encuentro de Big Bands que se celebra en Nueva York y vamos a ir. Lo de los boletos de avión y hospedaje sí es mucho, entonces estoy buscando empresarios más grandes para ir asociándonos. Doy las clases gratis, les doy playeras, atriles, y además les pago los conciertos. Les enseño que pueden tener todos esos privilegios, pero hay un costo: respeto, disciplina y estudio. Sí se han acercado algunas personas para asociarse conmigo, pero soy muy especial en esas cosas porque creo que cuando los proyectos crecen con dinero, pueden perder el foco, y este es un proyecto más social que económico.

Pavel Loaria

Pavel y el vino

La verdad es que, en cuanto al vino, y en mi caso personal, mis primeras experiencias fueron en Francia. Tenía una novia y su familia tenía viñedos en Burdeos. Era un vino muy rico, y aprendí que te podías sentar en donde fuera a tomarte una copa de vino y disfrutar de lo que sucedía, y si de fondo estaba el sonido de los cláxones o de las personas, su caminar…eso vuelve más padre le momento de tomarte algo. Yo no soy de vino, cuando escucho música no tomo ni agua. A mí, la verdad, me gustan las aguas de sabores… o la cerveza, pero tampoco es que la tome diario.  Y vino, nunca. Voy a sonar muy payaso pero luego de regresar de Francia, los vinos que probé acá no me gustaron tanto. Yo creo que era el amor. Y cuando se acabó el amor, se acabó el vino.